Reflexión sobre el 2020
- Pablo Jácome

- 31 dic 2020
- 3 min de lectura
Este 2020 ha sido indudablemente muy singular debido a que fue el aciago intervalo de tiempo en el que la humanidad se volvió a enfrentar a una pandemia. Pero, a pesar que fue un año que representó la adversidad, también supo brindar varios e inestimables mensajes al humano: demostró que cada una de las personas, independientemente de sus características o cualidades, es importante porque, además de desempeñar un rol especifico e imprescindible dentro de la sociedad, representa un inigualable ser cuyo influjo, producto de sus acciones, tanto directa como indirectamente, logra resultar decisiva; que un héroe puede ser cualquier persona, sobre todo aquellos que se dedican a salvaguardar la vida y a procurar el bienestar tanto del mismo como del otro; que actos tan simples como un beso, una acaricia y un abrazo, pueden representar el amor o la misma muerte (debido a que resultan medios de propagación de ciertas enfermedades); que cada cosa o detalle, por más insignificante que pueda parecer, alberga importancia y un discurso en su seno; que el tiempo en familia o con las personas que amamos son momentos invaluables e únicos; que la soledad no es mala del toda puesto que, si se la sabe vivir correcta y provechosamente, resulta un momento del cual se puede adquirir valiosas reflexiones y consideraciones debido a su esencia introspectiva y enaltecida; que el silencio es indispensable porque este le permite al humano analizar y comprender tanto su interior como su alrededor; que el humano de hoy en día tiene que procurar tomarse un descanso de la vida apresurada que vive, es decir, que aprenda a ser consciente de su yo para que, de esta manera, pueda apreciar la existencia entera a través de la suya; que la vida, al igual que las estrellas, es efímera... y entre otras muchas más lecciones.
Este año fue una época difícil para todos (y considero que la mayoria comparte esta consideración), pero, personalmente, agregaré que en todo este tiempo he podido observar muchas cosas maravillosas que ahora aprecio con mucho más esplendor tales como oportunidades de cambio, personas admirables que me aman y me ayudan en todo momento, nuevos aprendizajes (extraídos mayormente en momentos de soledad) y entre otras cosas y acontecimientos más. Por otro lado, este tiempo representó para mi un gran desarrollo de mis habilidades intelectuales y emocionales y me siento orgulloso porque supe renovarme, es decir, salir siendo un mejor yo de todos aquellos momentos de crisis y desesperación que logré superar. Tengo que admitir que en muchos momentos mi vigor sucumbió, mantuve actitudes aviesas y pusilánimes y cometí muchas temerarias idioteces; pero, después de todo, supe no rendirme (aunque en un instante pensé hacerlo) y seguir construyendo mi destino con la mayor prudencia y flexibilidad posibles — obviamente disfrutando de la vida en todo momento. En fin, la mayor enseñanza que aprendí (aunque me resistía a aceptarlo) se resume en la siguiente frase de Marcel Proust: «El único verdadero viaje de descubrimiento consiste, no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos.»
El 2020 se nos va, junto a las cenizas de todas aquellos que un día fueron nuestros hermanos: evidentemente, en este año, muchas personas murieron, pero cabe recalcar que fallecieron como dignos luchadores; mientras que, por otro lado, todas aquellas personas que superaron la enfermedad se convirtieron en el símbolo de la esperanza. Muchas personas que ya no están aquí vivirán para siempre en nuestros corazones; pero, respecto a los que aún mantienen sus corazones palpitando: ¡vivan, amen, aprecien, abracen y disfruten — porque no se sabe cuándo será su último latido!
¡Feliz año nuevo! ¡Que este 2021 sea un año de crecimiento y amor para cada uno de ustedes!





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